Hoy, de no ser una fecha tan señalada, casi seguro que no me
habría levantado de la cama. Todavía estoy echando la gripe fuera y apurando
los últimos sobres de Frenadol con la nariz completamente irritada. Encima, el
panorama meteorológico, salvo la temperatura, tampoco ayudaba a levantar el ánimo.
El caso es que la ilusión puede más y a las cuatro de la
tarde ya estaba recogiendo mi dorsal nº 1525, tras colaborar gustosamente con la entrega de un producto alimenticio destinado a una casa de acogida de la ciudad para los más necesitados. Acto seguido, me fui a tomar un
cafecito con Maribel y Zulia antes de empezar a calentar.
Había un gran ambiente, tanto de público como de corredores (2.490 corredores tomaron la salida),
y por más que busqué mientras calentaba, no fui capaz de encontar a María ni a Javi. En la salida me fui a saludar a Paco, el de las castañas,
que ya se encontraba en primera línea de salida con unas ganas locas de correr.
Luego me eché un poco hacia atrás y, tras el pistoletazo... ¡a correr!









